Fecha: 13/May/2019

Fuente: https://www.elcolombiano.com/

Hoy es pertinente pensar qué vamos a hacer desde la educación para resolver problemas como el vértigo del conocimiento, las nuevas formas de aprender, las inéditas familias que se han configurado, las tecnologías de información y de comunicación omnipresentes, los medios masivos de comunicación como supremos opinadores, la cuarta revolución industrial, la necesidad de una escuela ampliada, la construcción de ciudadanos para convivir en paz, entre otras emergencias contemporáneas.

En los centros de educación tendríamos que encontrar las luces para orientarnos con alguna seguridad por un camino escabroso y oscuro. La función de la educación es ser faro para iluminar el trayecto que debemos recorrer de manera inteligente. Es la luz de la educación, de la formación, la que nos permite claros rumbos y buenos horizontes.

En este sentido, una propuesta educativa desde la institucionalidad tiene que contemplar tres problemas centrales en estos tiempos: 1) La articulación entre la familia y la escuela; 2) La articulación entre la educación superior y la educación inicial; y 3) Los saberes básicos que se requieren en la educación para tener un potencial de progreso efectivo en el contexto sociocultural donde se desempeña una persona.

En el primer problema es indispensable que escuela y familia entiendan sus roles y la necesidad del reconocimiento de las funciones correspondientes y de su articulación, con base en el reconocimiento mutuo de los papeles correspondientes; en segundo lugar, un profesor universitario tiene que saber y valorar qué hace un colega en los niveles iniciales, y viceversa, para construir entre pares, antes que descalificarse o echarse culpas; en tercer lugar, es necesario que en la familia, en la educación básica y en la educación superior entendamos que los saberes básicos son la lectura, la escritura, y la argumentación, y que estos se afinan en cada nivel.

Por ello lo importante en el sistema educativo es la articulación entre la familia y la escuela, en clave de la alimentación, del afecto, del lenguaje; la articulación entre niveles iniciales y educación superior es un problema de reconocimiento profesional: qué hace un profesor en los niveles iniciales, que continúa y afina el profesor de la educación superior; finalmente, es necesario entender que lectura, escritura y argumentación se configuran durante la educación: desde la familia hasta el doctorado.

Se necesita un trabajo sistemático entre actores sociales, instituciones, saberes para configurar un escenario en donde lo educativo no sea un buen deseo o una intención loable, sino una concreción educativa y formativa, que es posible cuando tenemos maestros conscientes de su papel ante la sociedad y comprometidos personal y profesionalmente.

Así, es un maestro, en sentido amplio y experto del asunto, quien tiene el encargo de ser el líder de las articulaciones, de los desarrollos y del seguimiento de las dinámicas institucionales, personales, profesionales, para propiciar un escenario de transformaciones sociales y culturales desde una perspectiva de formación integral que tiene en el horizonte la sociedad. Porque un maestro lo es todo porque trabaja con todos.

* Rector General de la Universidad Pontificia Bolivariana