Fecha: 17/Ene/2022

Fuente: https://www.larepublica.co

Si se hiciera una versión local ‘platanizada’ de la exitosa película de Netflix ‘No miren arriba’ (Don’t Look Up), probablemente aquí sería protagonizada por la alcaldesa Claudia López.

En la película, la presidenta de Estados Unidos, Janie Orlean (Meryl Streep), toma decisiones absurdas (en su caso para responder a oscuros intereses económicos) a pesar de las advertencias de los expertos (científicos) sobre el peligro inminente de extinción de toda la vida por el choque de un cometa contra la Tierra.

En la versión ‘platanizada’, una legión de expertos advirtió a López hasta la saciedad los riesgos para Bogotá de aprobar el texto original del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), pero ella terminó haciéndolo.

Esa legión de expertos, entre los que había concejales, académicos, urbanistas, representantes de gremios, políticos de derecha, centro e izquierda, aparecieron uno tras otro en casi todos los medios, en particular los radiales, el 30 de diciembre de 2021 reiterando lo que previamente habían advertido: serían nefastas las consecuencias por la entrada en vigencia de la norma que regirá en Bogotá por los próximos 12 años.

Si bien no se va a extinguir la vida, sí se la va a hacer muy difícil a millones de habitantes de Bogotá.

Tan apabullantes fueron las opiniones adversas de los expertos que tranquilamente cualquier medio podría haber titulado: ‘Rechazo unánime a la expedición del POT por decreto que hizo alcaldesa Claudia López’, pero casi ninguno lo hizo por prudencia, equilibrio, sesgo en su favor o, simplemente, la modorra de las fiestas de fin de año.

Periodistas de los programas de radio, por ejemplo, ‘se vieron a gatas’ el 30 de diciembre tratando de encontrar algún defensor de la decisión de López, o algo positivo en el texto del Decreto 555 (que seguramente lo hay), como se llamará en lo sucesivo. Al único que encontraron fue al exalcalde Luis Eduardo Garzón, quien tenía el sesgo obvio de haberla asesorado y haberle dado su opinión en favor de emitirlo por decreto. Pero ni siquiera él se atrevió a defender el contenido mismo de la norma.

“Yo no estoy discutiendo si el POT es bueno, malo o regular. Lo que estoy diciendo es que la ciudad no puede seguir andando sin brújula”, dijo Garzón a Caracol Radio.

Como alcalde, a Garzón le correspondió reglamentar el POT vigente hasta el 29 de diciembre de 2021, que fue emitido por decreto en el 2004 por Antanas Mockus.

Sin importar la calidad de la brújula, que puede marcar una dirección equivocada, a Garzón le preocupa más cumplir los 500 años de la ciudad en el 2038 sin ella.

“Yo creo que la ciudad ya tiene un POT y lo que hay es que implementarlo”, dijo Garzón.

Días antes, la congresista Angélica Lozano, también había expresado su apoyo a la alcaldesa en varios trinos en Twitter, con el sesgo obvio de ser su esposa. Pero pare de contar.

Dentro de los aspectos positivos del POT que están orientados en la dirección correcta, la concejal Lucía Bastidas enunció en una columna que publicó El Tiempo: “Abogar por la protección del entramado ambiental, el reconocimiento al papel que juega la mujer como eje del cuidado y del desarrollo de la ciudad; la visión de una urbe con ofertas de servicio más cercanas a la gente y una ambiciosa apuesta de movilidad multimodal”.

Sin embargo, aquí viene el ‘pero’ más grande de todos los expertos, que Alejandro Callejas, de Camacol, expresa más elocuentemente: “lo que vimos… de la alcaldesa no es nada distinto a lo que ya habíamos visto con anterioridad: unos objetivos que ella tiene claros en su estructura discursiva, pero que no encuentran una realidad (correspondencia) en las normas”.

A pesar de que algunos consideran que la expedición del POT puede ser interpretada como una victoria política de la alcaldesa López porque, al fin y al cabo, “se salió con la suya” expidiendo el texto original; para otros, la escasez de voces calificadas de apoyo a la norma también es una derrota política, incluso si esta sobrevive las demandas que ya se anunciaron (Vea cómo afectaría el POT al ciudadano, en particular de clase media y sectores populares). Para estos últimos, su imagen en este tema oscilará entre ‘Claudia la autoritaria’, como la denominó la revista Semana al anunciar la expedición de la norma, y ‘Claudia la incoherente’, como lo demuestra el video con que ‘la atendieron’ en redes sociales, y en el que ella le pide al entonces alcalde Enrique Peñalosa no expedir el POT por decreto.

“Le pido al señor alcalde Peñalosa una cosa muy escueta y es: respete a la ciudadanía de Bogotá. Creo que sería francamente una falta de respeto que se nos imponga un POT por decreto. Por respeto a Bogotá, descarte la posibilidad. Tiene la posibilidad legal, pero no tiene la legitimidad política ni social para hacerlo”, le dijo en plena campaña electoral de 2019 para sucederlo en el cargo.

El autoritarismo o la incoherencia de la alcaldesa no serán matizadas ni siquiera con su sugerencia de que el POT era tan bueno que había recibido tres ponencias positivas en el Concejo.

De hecho, para controvertirlo se puede mencionar la afirmación de Callejas, de Camacol Bogotá, quien dijo que más del 80 % de los concejales habían manifestado que votarían negativamente la iniciativa.

La ex concejal Carolina Arbeláez, así mismo, aseguró a Caracol Radio que ninguno de los tres ponentes de la iniciativa en el Concejo “se le había medido” a eliminar la ALO Norte que, junto con la división de la ciudad en 33 Unidades de Planeamiento Local (UPL), que reemplazarán a las 20 localidades que hoy existen, se le habían vuelto puntos de honor a la Alcaldesa. Arbeláez, así como Peñalosa, aseguraron que a la única a la que favorecía el saboteo con recusaciones e impedimentos para evitar la discusión del POT en el Concejo era a la misma administración de Bogotá.

Antes, cuando ya estaba cantada la expedición del POT por decreto, el ex concejal de Bogotá Juan Carlos Flórez describía a Blu Radio la metamorfosis de la Alcaldesa: “¿Aquí lo triste qué es? Que quienes se presentan como demócratas en la oposición, cuando son seducidos por el poder obran de manera autoritaria. Esa transformación le ha pasado a la alcaldesa López, quien parece haberse transformado en las discusiones muy álgidas con (Álvaro) Uribe en una líder muy autocrática, como la hemos visto en Bogotá en los dos últimos años”.

Y en insólita coincidencia, hasta Álvaro Uribe la acusó el 2 de enero de lo mismo en su cuenta en Twitter: “Que el consenso total sobre el POT es imposible, dice, pero ni siquiera buscó el consenso parcial, con una discusión paciente.

Mucha democracia en elecciones, mucha autocracia en el Gobierno. Sigue mal ejemplo del Plebiscito”.

Claramente, no haber alcanzado un POT por consenso con todos los actores involucrados sí es una derrota que marcará su carrera política y sus futuras aspiraciones presidenciales, que no ha ocultado.

Algunos podrían argumentar que los críticos de la decisión de López de expedir el POT por decreto están en la categoría ‘expertos’ o la élite política y económica, pero que el ciudadano de a pie sí lo apoya.

De hecho, cuando lo presentó, López echó mano de este recurso al describirlo como “una respuesta al estallido social que ha vivido Bogotá en los últimos años. Es una respuesta a las legítimas demandas de inclusión, de respeto, de oportunidades que nos piden los jóvenes, las mujeres, los sectores populares y la clase media bogotana. Este es el POT de la clase media bogotana. Este es el POT que paga la enorme deuda social… en salud… en educación… en cuidado”, dijo.

Pero figuras como el exconcejal Carlos Fernando Galán dice que esos ciudadanos no participaron en debida forma por estar en pandemia; y la concejal Bastidas, que no se concertó con ellos.

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