Fecha: 20/Ago/2021

Fuente: https://www.eltiempo.com

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el asma es una de las principales enfermedades no transmisibles que afecta a niños y adultos, tanto así que, en el año 2019 afectó a unas 262 millones de personas y causó 461.000 muertes. Sin embargo, la esperanza de quien la padece, se aferra al buen diagnóstico por parte de un profesional y al compromiso que como paciente debe adquirir para cumplir correctamente con el tratamiento.

El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de la vida aérea, específicamente de los bronquios, que puede tener múltiples causas, alérgicas y no alérgicas, unidas a un componente genético hereditario, que se manifiesta desde el momento del nacimiento de la persona o se desarrolla en la adultez.

La persona puede nacer con asma o desarrollarla en la adultez. Por un lado, puede nacer con los genes que predisponen al asma, pero que no siempre se expresan, y por el otro, verse inmersa en múltiples factores de riesgo adicionales como la dieta, la exposición a la polución y la exposición a los alérgenos, los cuales son proteínas ambientales de ácaros y mascotas, que pueden provocar que la persona se vuelva alérgica y manifieste asma. Entonces, por lo general, o el asma se presenta en los primeros años de vida de forma transitoria, y si persiste, se hace un diagnóstico más certero desde los cinco años, o se va desarrollando a lo largo de la vida”, afirma el doctor Julián Londoño, alergólogo clínico de Unimeq ORL.

Síntomas, diagnóstico y tratamiento

Los síntomas del asma se presentan en forma de sibilancias, tos, disnea y opresión torácica de manera continua, lo que indica la importancia de consultar con un especialista, que por medio de distintos exámenes determinará la presencia o nivel de la enfermedad.

El dolor o los silbidos en el pecho, la sensación de opresión y la dificultad para respirar o realizar las actividades diarias son síntomas que presumen un posible diagnóstico de asma y es necesario acudir a un especialista. Cuando la persona consulta a dicho médico, este determina cuál es el estudio que debe realizar, es decir, radiografías de tórax, un examen de espirometría, que consiste en soplar y analizar en el computador ciertas variables, o uno de oscilometría en pacientes un poco más pequeños, que es parecido al anterior”, continúa Londoño.

En medio de ese panorama, el asma es una unión de síntomas que se identifican al momento de la consulta con un profesional de la salud, lo que quiere decir, que es clave acudir al especialista correcto, y en ese sentido, los neumólogos, alergólogos, médicos pediatras e internistas son los encargados de dicha misión.

El asma muchas veces tiene un reconocimiento bajo por parte de algunas áreas de la medicina y digamos que lo ideal sería que los neumólogos, alergólogos, médicos pediatras o internistas, la diagnostiquen. Para la medicina general a veces es un poco complicado interpretar las pruebas que diagnostican el asma, porque son unas pruebas especializadas y requieren un estudio muy profundo para poderlo saber. En estos casos, cuando el paciente tenga síntomas respiratorios, lo primero que debe hacer es ir a su EPS porque así es el conducto regular que tiene nuestro sistema de salud. Primero a los médicos generales si tiene EPS o directamente al neumólogo, alergólogo, médico pediatra o internista si tiene prepagada, pues son las personas idóneas para hacer el diagnóstico más acertado”, explica Londoño.

Después del diagnóstico, debe empezarse el tratamiento sugerido por el especialista. Este tratamiento depende de la severidad del asma, de los estudios de función pulmonar y de la intensidad de los síntomas, ya que esta enfermedad se clasifica en leve, moderada o severa y persistente o intermitente.

Cuando un paciente tiene asma intermitente puede ir a consulta por urgencias unas tres o cuatro veces al año, con un tratamiento específico y con inhaladores que contienen moléculas antiinflamatorias y generan broncodilatación, es decir, hacen que los bronquios se desinflamen para que el oxígeno pueda pasar normalmente a través de los mismos. Cuando el asma es severa, leve persistente o moderada, existen otros tipos de moléculas que no generan solamente antiinflamación, sino que impactan un poco más sobre ciertas vías moleculares, que tienen relación con la inflamación indirectamente. A esto se suma que en última instancia y en cuanto al asma severa, se acude al uso de medicamentos biológicos extraídos de seres vivos, que impactan ciertas vías moleculares muy importantes y específicas”, dice Londoño.

La cura y el control de la enfermedad

El asma es una enfermedad que hasta el momento no se puede curar con medicamentos. Actualmente, un 15 por ciento de los pacientes tienen la posibilidad de curarse espontáneamente cuando presentan asma desde la infancia y llegan a la adolescencia, un 40 por ciento lo puede lograr a través de tratamientos de sensibilización y un 60 por ciento no lo lograría.

Los alergólogos tenemos unos tratamientos de sensibilización a los alérgenos a los que el paciente puede estar sensibilizado. Por poner un ejemplo, tenemos pacientes que son alérgicos a los ácaros del polvo y los ácaros tiene relación causal con el asma, entonces cuando son vacunados con el extracto alergénico que contienen los ácaros, hacemos un proceso de sensibilización que dura tres años y tenemos un chance de curar su asma con un 40 por ciento de probabilidades, pero aun así, puede recurrir. De igual forma, hay un 60 por ciento en donde no tenemos el chance de curar así se haga el tratamiento cumplido, pero sí podemos tener un control total de la enfermedad, para que el paciente lleve su vida completamente normal y pueda realizar actividad física, sexual y labores cotidianas”, agrega Londoño.

Las novedades terapéuticas juegan un papel fundamental para controlar el asma, por lo que científicos y expertos se han dedicado a perfeccionar técnicas como las terapias biológicas, que permiten conocer las vías que los médicos deben impactar para controlar el asma del paciente y hacer que este tenga una mejor respuesta y adherencia al tratamiento, teniendo en cuenta que parte del éxito del control del asma, se centra en la disciplina y constancia del mismo.

Cuando nosotros hacemos el tratamiento de forma escalonada a veces debemos estar educando al paciente para que lo haga de manera disciplinada; de eso depende el éxito del tratamiento. Cuando el paciente logra una educación adecuada puede empezar un tratamiento más constante y lograr adherencia, pero quienes a pesar de que son adherentes al tratamiento y tienen un tratamiento formulado, no logran el control de su enfermedad, queda en última instancia la terapia biológica vigilada por el médico y aplicada por enfermeros, que ayuda a disminuir la sintomatología y controlar la enfermad. Sin embargo, ese proceso no es de una sola consulta, requiere múltiples asistencias a diversos especialistas y exámenes. Es un proceso largo, pero si se hace de manera cumplida es muy efectivo”, puntualiza Londoño.

Por último, “un asma mal tratada puede llevar a complicaciones severas como la disminución de la función pulmonar, es decir, que los bronquios se vayan obstruyendo cada vez más y generen un proceso que se denomina fibrosis. La fibrosis es una cicatrización en la cual es imposible abrir los bronquios y la persona queda con una sintomatología de asma persistente y severa y una disminución notable de su calidad de vida. Estas personas son frecuentemente exacerbadores, es decir, hacen crisis de asma más frecuente que quienes han sido bien controladas durante todo el proceso de su enfermedad. Una persona que no esté bien controlada, tiene mayor riesgo de exacerbaciones, y en ellas hay un riesgo latente de morir, ya que a veces la obstrucción bronquial puede ser tan severa y acompañarse de otras condiciones, que pueden generar mayor compromiso a nivel pulmonar y riesgo de muerte”, finaliza Londoño.

Así las cosas, hoy la invitación es que si tiene síntomas asista al médico o especialista para que obtenga un diagnóstico a tiempo junto a un tratamiento adecuado.

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