Fecha: 02/Jul/2021

Fuente: https://www.semana.com/

“Ahora mandar a acostar o levantar a mi hijo se volvió una pelea diaria”, cuenta Lina Sandoval, madre de Diego, un niño de 9 años, quien cuenta con algo de resignación cómo con la llegada de la pandemia y el cierre de colegios, muchas de las rutinas y hábitos que había logrado consolidad con su hijo se perdieron. “Como no le toca salir ni ponerse uniforme, quiere trasnochar y solo levantarse cinco minutos antes de la clase; es un discutidera que se volvió habitual”, agrega.

Para el neurólogo infantil Jorge Eslava, director del Instituto Colombiano de Neurociencias, el no querer cumplir horarios, contestar grosero, no cumplir con los deberes del colegio, estar irritable o incluso en algunos casos volver a mojar la cama, son solo algunos de los síntomas de afectación en la salud mental que los más jóvenes muestran en medio de esta coyuntura.

El estrés, el miedo y la incertidumbre que generan las diferentes medidas para evitar la propagación del coronavirus pueden desgastar a cualquiera, pero para los niños y adolescentes puede ser aún más complicado emocionalmente. Salieron un día del colegio y a la mañana siguiente no pudieron regresar a las aulas ni volver a jugar con sus amigos, visitar a los abuelos; ni correr al aire libre, situación que si bien se ha normalizado un poco, se ha mantenido por más de 15 meses.

Un reciente informe de Unicef reveló que por lo menos 1 de cada 7 niños, es decir, 332 millones en todo el mundo, ha vivido bajo políticas de confinamiento obligatorias o recomendadas a nivel nacional durante al menos un año desde el comienzo de la pandemia, lo que supone un riesgo para su salud mental y su bienestar.

“Con los confinamientos a nivel nacional y las restricciones de movimiento relacionadas con la pandemia, el año se ha hecho largo para todos, pero especialmente para los niños”, dijo la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore.

“Cuando día tras día uno está lejos de los amigos y de los seres queridos más distantes, y tal vez incluso está atrapado en casa con un maltratador, el impacto es significativo. Muchos niños se sienten asustados, solos, ansiosos y preocupados por su futuro. Debemos salir de esta pandemia con un mejor enfoque de la salud mental de los niños y los adolescentes, y eso empieza por prestar al tema la atención que merece”, agregó

Incluso antes de la pandemia, los niños y los jóvenes soportaban la mayor parte de los riesgos en materia de salud mental, ya que la mitad de los trastornos mentales surgen antes de los 15 años, y el 75 % al principio de la edad adulta.

La mayoría de las 800.000 personas que mueren por suicidio cada año son jóvenes, y las autolesiones son la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 19 años, con tasas más altas entre las adolescentes. Se calcula que en todo el mundo 1 de cada 4 niños vive con un progenitor que padece un trastorno mental.

Por esta razón, las difíciles condiciones que atraviesan cientos de miles de niños a nivel del mundial causan especial preocupación en los expertos. Todavía no ha pasado suficiente tiempo para predecir las secuelas psicológicas que provocará la pandemia. Pero los expertos consultados por SEMANA coinciden en que los episodios depresivos o ansiosos, las dificultades en el neurodesarrollo y los trastornos por estrés postraumático de esta generación de niños serán la próxima pandemia.

Como la ciencia lo ha probado, un cambio radical en la vida de una persona o haber presenciado o vivido un evento inesperado y emocionalmente intenso puede crear un trauma psicológico capaz de provocar reacciones emocionales y físicas. Los expertos lo conocen como trastorno por estrés postraumático (TEPT).

Este trastorno puede presentarse por causas como la muerte repentina de un ser querido, un episodio de violencia extrema, un desastre natural o, en este caso, la pandemia. “Que no presenten síntomas ahora no significa que no aparezcan en los próximos meses. Los niños se encontraron de un momento a otro sometidos a un peligro invisible que provoca muertes, y eso les genera una reacción normal del organismo a nivel psicológico”, explicó la psiquiatra Abigail Huertas, vocera de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño.

Esta situación dejará algún efecto, de no tomar acción. En 2013, la Universidad de Kentucky publicó un análisis del impacto de las medidas de aislamiento para controlar enfermedades, en el que 30 % de los niños confinados y 25 % de sus padres cumplieron los criterios para diagnosticar trastorno de estrés postraumático.

Una encuesta hecha hace un par de meses en la provincia china de Hubei, donde se originó el coronavirus, mostró el aumento de síntomas depresivos y de ansiedad en 2.330 escolares, después de solo 34 días de confinamiento.

“Si antes de la pandemia de covid-19 no éramos plenamente conscientes de la urgencia de este tema, ahora sí lo somos (…) Los países deben invertir drásticamente en la ampliación de los servicios de salud mental y en el apoyo a los jóvenes y a sus cuidadores en las comunidades y las escuelas”, agregó la vocera de Unicef.

Reconozca las señales de estrés en su hijo

Las señales de estrés y dificultades con la salud mental no son las mismas para todos los niños o adolescentes, pero tienen algunos síntomas comunes.

Niños menores de 12 años

  • Irritabilidad y remilgos, sobresaltos y llantos con mayor frecuencia, y mayor dificultad para consolarlo.
  • Conciliar el sueño y despertarse más durante la noche.
  • Problemas de alimentación tales como succión frenética (pecho o biberón), más reflujo, estreñimiento o heces blandas (diarrea) o quejas nuevas de dolor de estómago.
  • Ansiedad de separación, parece más apegado, retraído o vacilante de explorar.
  • Golpea, se frustra, muerde o tiene berrinches con más frecuencia o más intensos.
  • Moja la cama después de haber aprendido a ir al baño.
  • Expresa necesidades urgentes y al mismo tiempo parece incapaz de sentirse satisfecho.
  • Incluye agresión y conflicto o temas como enfermedad o muerte en sus juegos.

Niños mayores y adolescentes

  • Cambios en el estado de ánimo que no son comunes en su niño, tales como continua irritabilidad, sentimientos de desesperanza o furia/ira, y conflictos frecuentes con sus amigos y familia.
  • Cambios en el comportamiento, como alejarse de relaciones personales. Si su joven que normalmente tiene una personalidad extrovertida muestra poco interés, por ejemplo, en enviar mensajes de texto o contactar a sus amigos por chats de video, puede ser motivo de preocupación.
  • Una pérdida de interés en las actividades que disfrutaba antes. ¿Su joven amante de la música de repente deja de practicar su guitarra, por ejemplo? ¿Su aspirante a chef perdió interés en cocinar o en hornear?
  • Se le dificulta dormir o permanecer dormido, o está durmiendo a todas horas.
  • Cambios de peso o patrones alimentarios, como nunca tener hambre o comer todo el tiempo.
  • Problema de memoria, de razonamiento o concentración.
  • Menos interés en sus tareas escolares y un decaída en su esfuerzo académico.
  • Cambios en la apariencia, tales como falta de higiene básica (sin razón, ya que la mayoría de los jóvenes no se están acicalando/arreglando de la misma forma durante su estadía prolongada en casa).
  • Un incremento en comportamientos riesgosos o imprudentes, como el consumo de drogas o alcohol.

 

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