EDUCACIÓN
Reindustrialización e Investigación

Por: Miguel Ángel Rodríguez; María Alejandra Osorio; Horacio Torres; Manuel Dávila y Adriana Arango*
La transformación global de los modelos productivos y el avance de tecnologías emergentes, han planteado desafíos significativos para la industria colombiana.
Aunque el país ha impulsado políticas de modernización productiva, la adopción de tecnologías avanzadas sigue siendo desigual y persisten brechas entre las competencias ofrecidas por el sistema educativo y las necesidades del sector productivo. Sectores como manufactura, energía y tecnología, demandan talento altamente calificado en automatización, análisis de datos y digitalización de procesos.
Con base en las anteriores premisas, la Asociación Colombiana de Ingenieros- ACIEM, en el estudio realizado por Cedetrabajo, para Acopi Bogotá -Cundinamarca y ACIEM(1) revisó más de 200 documentos académicos, informes institucionales y estudios de política pública, sobre industrialización, innovación y desarrollo productivo en Colombia y América Latina.
El análisis evidencia un claro predominio de enfoques heterodoxos, que cuestionan las explicaciones ortodoxas del desarrollo económico y resaltan el carácter histórico, estructural e institucional de la transformación productiva, así como el papel activo del Estado, la innovación y la acumulación de capacidades tecnológicas y humanas.
La revisión coincide en que la industrialización no es un resultado automático del mercado, sino una construcción institucional, que requiere un Estado capaz de coordinar inversiones, fomentar innovación y desarrollar capacidades tecnológicas.
Una política industrial activa permite diversificar la estructura productiva, orientar recursos hacia sectores intensivos en conocimiento (como manufactura avanzada, bioeconomía o tecnologías limpias) y articular universidades, empresas y Estado para fortalecer capacidades tecnológicas nacionales.

Elementos teóricos relevantes para el caso colombiano
Las teorías heterodoxas del desarrollo sostienen que la transformación productiva depende de la acumulación de capacidades tecnológicas, institucionales y humanas.
La innovación no surge de manera aislada, sino de la interacción entre Estado, empresas, universidades y sociedad. Por ello, el Estado deja de ser un árbitro neutral y asume un papel activo como coordinador de inversiones, financiador de I+D y promotor de sectores estratégicos.
En estos enfoques, el Estado deja de ser árbitro neutral para convertirse en agente emprendedor que asume riesgos; financia I+D; establece misiones tecnológicas, y coordina actores.
El Estado es capaz de disciplinar al capital privado, orientar inversiones hacia sectores estratégicos y crear mercados nuevos como las energías limpias o la industria 4.0.
Otro punto en el cual se enfatiza es el capital humano, el conjunto de competencias cognitivas y técnicas que poseen los individuos y que les permiten interactuar con tecnologías complejas, resolver problemas y generar nuevo conocimiento.
Se lo ve como condición sine qua non para absorber tecnología, participar en cadenas globales de valor y alimentar la ‘cuádruple hélice’: Estado-Universidad-Empresa y Sociedad.
En el marco teórico de las hélices (Estado-Universidad-Empresa-Sociedad) es fundamental, para el caso colombiano, analizar los diferentes cambios que se requieren para lograr la necesaria Reindustrialización, basados en el concepto de prospectiva de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como el conjunto de tentativas sistemáticas para observar a largo plazo el futuro de la ciencia, la tecnología, la economía y la sociedad con el propósito de identificar las tecnologías emergentes que probablemente produzcan los mayores beneficios económicos y sociales.
Antes de 1965, cuando predominaban profesiones como Ingeniería, medicina, derecho, artes y agronomía, la cátedra universitaria articulaba dos procesos de formación: la práctica profesional en las empresas, ejercida por los docentes, y la enseñanza en la universidad.
Esta relación entre academia y sector productivo contribuyó a una sólida formación profesional, reflejada en importantes obras de Ingeniería en el país, como ferrocarriles, carreteras, obras hidráulicas y eléctricas, puentes, represas y aeropuertos.
En 1965 con la reforma Patiño en la Universidad Nacional de Colombia y una serie de reformas que se produjeron en América Latina por la misma época, los dos procesos de recontextualización (2) se separaron, con lo cual se ganó autonomía académica universitaria, pero se perdió la importante y necesaria relación con el llamado sector productivo.
Aunque en sus primeras décadas la universidad colombiana enfrentó dificultades para consolidar esta transformación, hoy existen grupos y productos de investigación con reconocimiento internacional.
No obstante, aún persiste el reto de articular mejor la generación de conocimiento, con las políticas de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) y su aplicación en la industria y la sociedad, consolidando la relación Estado-Universidad-Empresa.
Entre 1983 y 1993, el proyecto entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (ICFES) impulsó la investigación aplicada y fortaleció la docencia universitaria.
En este contexto, se crearon los primeros programas de doctorado en Ingeniería en la Universidad Nacional de Colombia, proceso que coincidió con la expedición de la Ley 30 de 1992, que continúa siendo el marco normativo de la educación superior en Colombia.
Unas primeras conclusiones de este breve análisis, que podría ampliarse y profundizarse para abarcar la educación superior en Colombia, indican que el país tiene una trayectoria relativamente reciente en investigación sistemática en CTeI.
Mientras en otras regiones del mundo la investigación científica cuenta con una tradición que se mide en siglos, en Colombia su desarrollo institucional apenas alcanza cerca de un siglo.

A esto se suma que la educación superior colombiana continúa organizada principalmente alrededor de la docencia, estructurada en escuelas o facultades, sin haber logrado aún una articulación plena entre profesiones y disciplinas. Las primeras orientadas a la formación integral de profesionales y la segunda a la investigación científica.
Hoy en día debemos reconocer que la Ingeniería en cualquiera de sus especialidades (eléctrica, electrónica, sistemas, mecánica, industrial, civil, etc.), y así para todas las profesiones, son una profesión y una disciplina.
Como profesión, su misión es aplicar conocimientos para diseñar, construir e implementar sistemas, equipos, estructuras, instalaciones, bienes y servicios que generen beneficio, prosperidad y desarrollo social y económico a la humanidad; como disciplina, la Ingeniería avanza en la frontera del conocimiento y así lo ha hecho en otras latitudes, prueba de ello son los premios nobel en física de Ingenieros que han aportado con sus investigaciones a la ciencia.
Gran parte de la tecnología que se conoce hoy en día en el mundo, ha sido desarrollada fundamentalmente en Europa, Estados Unidos y Asia desde finales de la edad media y posteriormente durante la revolución industrial entre los siglos XVIII y XX con la tecnología minera, la metalurgia, la hidráulica, la siderurgia, las máquinas a vapor, los ferrocarriles, los motores de combustión interna, la electricidad, el automóvil, y más recientemente con la electrónica, las telecomunicaciones y la tecnología espacial.
En Colombia el paradigma existente es el de una tecnología implícitamente contenida en la tecnología extranjera que se ha ido incorporando a nuestra vida cotidiana en su difícil y lento desarrollo para integrarse a la economía global (3).
Colombia, entonces, se ha caracterizado por ser un país consumidor de tecnologías foráneas y no ha logrado ser generador de tecnologías, basado en ciencias básicas, aunque existen excelentes ejemplos en el sector energético en desarrollo propio de transformadores y motores eléctricos; aportes al conocimiento de los parámetros del rayo en zona tropical terrestre o en el área metalmecánica; autopartes; desarrollo de software entre muchas otras, que muestran la gran capacidad y talento colombiano.
Pero aún falta una decisión política que involucre los engranajes necesarios para incentivar la investigación e innovación propia y unir estos conceptos a la productividad, sin eliminar el espíritu académico de los investigadores a nivel nacional.
El país requiere un nuevo sustrato académico para CTi, espacios propios y autónomos de investigación científica (llámense centros, institutos, parques o ciudadelas) que potencialicen el trabajo interdisciplinario.
La economista Mariana Mazzucato ha resaltado el papel del ‘Estado emprendedor’ en los procesos de innovación. Desde esta perspectiva, este actor no solo redistribuye riqueza, sino que participa activamente en su creación mediante inversiones estratégicas y el impulso de misiones tecnológicas que articulen universidades, empresas y sociedad para resolver problemas nacionales.
Actualmente, la mayoría de las Instituciones de Educación Superior (IES) en Colombia y América Latina, mantienen un modelo organizado por facultades orientado principalmente a la formación profesional. Sin embargo, el artículo 20 de la Ley 30 reconoce un único modelo de universidad, basado en instituciones con experiencia en investigación científica de alto nivel y programas de ciencias básicas, condición que pocas IES cumplen.
En la práctica, la investigación científica y tecnológica suele surgir dentro de las facultades, pero al avanzar hacia la generación de nuevo conocimiento se vuelve necesariamente interdisciplinaria, lo que encuentra limitaciones en las estructuras académicas tradicionales.
Aunque posteriormente se establecieron requisitos para la acreditación y el registro calificado de programas, la mayoría de IES colombianas continúa enfocada en la formación profesional, con una experiencia aún limitada en investigación científica de alto nivel.
En principio, se requiere una reforma de fondo de la Ley 30, que permita distinguir al menos dos modelos de educación superior en Colombia: universidades de investigación y de formación.
En el caso de las universidades orientadas a la formación profesional, Colombia cuenta con amplia experiencia. Sus exigencias mínimas de calidad podrían mantenerse en línea con lo establecido en el artículo 1 del Decreto 2566 de 2003, incorporando la formación investigativa, aunque no necesariamente una investigación científica madura.
Por su parte, las universidades de investigación, además de cumplir con dichas exigencias, deberían demostrar experiencia en investigación científica de alto nivel, mediante indicadores académicos internacionales, contar con programas sólidos en ciencias básicas y estructurarse alrededor de centros, institutos, parques o ciudadelas de investigación interdisciplinaria e independiente.
En estos espacios, se podrían consolidar ecosistemas de interacción entre universidad, Estado, sector productivo y sociedad, orientados por misiones científicas interdisciplinarias.
Este enfoque resulta especialmente relevante para países ubicados en la zona intertropical terrestre, donde la aplicación indiscriminada de conocimientos desarrollados en otras regiones del mundo —en áreas como biotecnología, nanotecnología, nuevos materiales, abastecimiento de agua, energías no convencionales o cambio climático— no siempre produce soluciones adecuadas para las condiciones ambientales, sociales y productivas propias del contexto local.
“Todos los pueblos tenemos problemas similares, pero diferentes maneras de solucionarlos”
Existen diferentes factores que deben estudiarse sistemáticamente con categorías conceptuales de interdisciplinariedad y holísticamente, para la acertada aplicación de tecnologías disruptivas.
Estas categorías conceptuales son, entre otras, el ambiente socio- político, el desarrollo económico, la variedad de climas, la orografía, geografía y por supuesto las instituciones, la cultura y la idiosincrasia. De ahí que los modelos de formación profesional del futuro no podrán ser uniformes y rígidos, sino adaptables a unas exigencias muy variadas y cambiantes.
*Miguel Ángel Rodríguez, Economista U. Nacional, Especialista en Gerencia Financiera Internacional U. Libre, Coordinador de Investigaciones de Cedetrabajo; María Alejandra Osorio, Politóloga, U. del Rosario, Magíster en Administración de la U. Nacional, y Directora de Acopi; Horacio Torres-Sánchez, Ing. Electricista U. Nacional y Director de la Comisión de Formación e Integración en Ingeniería de ACIEM; Manuel Dávila, Ing. de Sistemas de la Universidad de los Andes, integrante de las Comisiones de Formación e Integración en Ingeniería y Ética de ACIEM y Adriana Arango, Ing. Electricista U. Nacional, Integrante de la Comisión Formación e Integración en Ingeniería y Ética de ACIEM.
(1) Documentos sobre Reindustrialización. Comisión de Formación e integración en ingeniería. Biblioteca ACIEM, Bogotá, Diciembre 2025
(2) Torres, H. “La reforma que marcó a las universidades colombianas”, UN Periódico, No 185, Bogotá, Colombia, Feb. 07 de 2015. El proceso de recontextualización es entendido como el proceso de selección y jerarquización de conocimientos, formados en un contexto y adecuados para tener sentido y/o utilidad en otro contexto
(3) Poveda, R. G. (2009). La Ingeniería en Colombia. Revista Digital Lámpsakos No. 1 pp 35-46
Revista ACIEM impresa y digital: una sola esencia
Su Edición No 161, titulada "Revista ACIEM impresa y digital: una sola esencia", incluye temas de actualidad como:
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Seguridad energética: clave para fortalecer el sistema eléctrico
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RegioTram como solución de movilidad para Cundinamarca
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Espectro, 5G y nuevas arquitecturas para cerrar brechas digitales
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Mantenimiento y Gestión de Activos
Además de otros temas relacionados con Energía, Telecomunicaciones-TI, Electrónica, Ética e Infraestructura.

